Tiempo Argentino
17 de febrero de 2011
Por Hugo Yasky
Central de Trabajadores Argentinos.
Mi vieja, hija de tanos, solía decir que creía en Dios pero no en la Iglesia ni en la curia.
En estos días, ante el coro variopinto que salió a pegarle a Martín Sabbatella, siento que en la política a mí me pasa algo parecido. Creo en el peronismo desde que empecé a militar, pero no creo ni en su Iglesia ni en su curia. Dicho de otro modo, no creo en el pejota ni en sus cardenales. Estan ahí, y mientras no se pongan al servicio de los justicialistas que están dispuestos a hacerle el trabajo de zapa a la derecha, son un componente necesario de esta etapa. Punto. Pero no creo en los descafeinados profesionales de la política cuya ideología consiste en ir para donde sopla el viento. No creo en la corporación de los barones del Conurbano ni en los que, de buenas a primera, se creen con derecho a exigir dosajes de sangre para certificar pureza pejotista de eventuales aliados.
Creo sí en el peronismo como línea histórica de continuidad de las luchas de los que, desde 1810, soñaban con una nación sin oprimidos y sin ataduras externas. Eso mismo que, en los nuevos tiempos que corren en esta América Latina en proceso de cambio, pugna por expresarse en esa nueva síntesis que encarnó Néstor Kirchner y, ahora, Cristina, cuya figura se torna clave en proyección a la disputa electoral de 2011.
Precisamente en su primer discurso ante la cúpula del Partido Justicialista, a pocos días de la muerte de quien fuera su compañero, evocó con lucidez la imagen del adiós a Néstor de tantos argentinos y argentinas, especialmente jóvenes, de “movimientos sociales o movimientos políticos que no integran la institucionalidad de nuestro partido o la institucionalidad de la Confedereción General del Trabajo, pero sí están total y absolutamente identificados con un proyecto nacional, popular y democrático”. Lo que constituyó un mensaje sin anestesia a los miembros más encumbrados del partido oficial. No hubo mención a ningún tipo de componenda electoral, llámese colectora o candidaturas acopladas. Hubo sí una clara definición de estrategia consistente en la necesidad de sumar nuevas expresiones del campo popular a la construcción de una correlación de fuerzas que haga posible la continuidad y profundización del proceso político en curso.
En absoluta coincidencia con esa definición, quienes sostenemos que Martin Sabbatella puede sumar desde su candidatura por Nuevo Encuentro al triunfo de Cristina en primera vuelta, lo hacemos desde el compromiso militante de aportar a la construcción de nuevas alianzas políticas y sociales que expandan las bases de sustento del kichnerismo que, aun con todas sus limitaciones, es lo que nos está permitiendo recuperar la política como instrumento de acumulación de poder para los sectores populares.
Quienes hoy estigmatizan a Sabbatella, haciendo poroteo berreta de cuántos concejales más o cuántos concejales menos, al igual que quienes especulan con la diferencia de votos a favor de Cristina por encima de Scioli, en realidad lo que pretenden es encorsetar al kichnerismo dentro de los estrechos límites del PJ. Y con esto terminan siendo funcionales a los que, haciendo suyo el mandato de los factores de poder, aspiran a que el 23 de octubre se termine lo que ellos denominan la pesadilla populista. Hay días en los que se definen los años por venir. Quizás estemos viviendo esos días.
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