Tiempo Argentino
12 de marzo de 2011
Por Martín Angulo
El ahora ex integrante de la Cámara Federal de Mendoza incumplió sus funciones ante denuncias de torturas durante la dictadura. De ahora en adelante no podrá ocupar cargos en el Poder Judicial ni acceder a su jubilación.
Luis Miret se convirtió ayer en el primer juez federal en ser destituido por no investigar o denunciar delitos de lesa humanidad. Por unanimidad, el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados lo removió por mal desempeño de sus funciones por no haber cumplido su función como juez ante las denuncias de secuestro y torturas que sufrieron cinco personas en Mendoza en 1975, entre ellas la de una menor que denunció que fue violada por policías mientras estuvo detenida.
Miret, ahora ex integrante de la Cámara Federal de Mendoza, no estuvo presente en la lectura de su destitución y la decisión del jurado implica que, además de dejar de ser juez, no podrá volver a ocupar cargos en el Poder Judicial ni acceder a su jubilación.
Tal como reveló Tiempo Argentino, el ex juez fue removido por no cumplir su obligación jurisdiccional de investigar o denunciar el secuestro y las torturas que sufrieron entre agosto y septiembre de 1975 León Eduardo Glogowski, Ismael Esteban Calvo Gutiérrez y Blas Armando Yanzón, Prudencio Oscar Mochi y Luz Amanda Faingold Casenave, quienes estuvieron presos en la D2 de la Policía de Mendoza.
Todos ellos estaban detenidos en una causa a cargo de Miret por lo que “tomó conocimiento directo de los graves y múltiples delitos de acción pública” a partir del testimonio de las víctimas, sostuvo el jurado, pero “omitió toda investigación o en caso, formular la correspondiente denuncia”.
Ante esa situación, para los jurados Miret asumió “un rol pasivo que se contrapone con el deber jurídico de obrar que disponía –y dispone– el ordenamiento jurídico nacional”.
También se lo destituyó por no investigar la denuncia de violación que sufrió Faingold Casenave, de 17 años, y que hizo ante el juez Glogowski. “Esa noticia trasuntaba una alarmante y grave situación que no podía pasar desapercibida para el juez y por ello resulta inexcusable su falta de intervención al respecto”, criticó el jurado.
“El jurado entendió la violación como una forma de tortura por el contexto en el que se produjo, y por lo tanto, los jueces tienen la obligación de investigarla de oficio, y no como el deseo sexual de un depravado”, le dijo a Tiempo Argentino el representante del Consejo de la Magistratura Hernán Ordiales, que actuó como fiscal del juicio.
El diputado de la UCR Daniel Katz fue el único jurado que rechazó la acusación por la violación, al considerar que se trata de un delito de acción privada y que debe ser denunciado por la víctima o su familia, y eso no ocurrió.
Los integrantes del jury, los jueces Carlos Bossi y Alejandro Tazza, los senadores Eric Calcagno y José Manuel Cano, los diputados Jorge Landau y Daniel Katz y la abogada Verónica Pedrotti concluyeron que Miret tuvo “una conducta incompatible con el ejercicio de la magistratura” que lo obligaba, en ese rol, a “investigar los delitos que fueran de su competencia”.
La defensa de Miret, a cargo del defensor oficial Jorge Falco, justificó el proceder del juez por la convulsionada situación política que vivía el país y por la “impotencia” que sentía ante los atropellos de la Policía de Mendoza. Pero el jurado, lejos de creerle, dijo que esos argumentos son “pueriles excusas” para deslindar responsabilidades.
Por otra parte, el jurado rechazó la acusación por archivar el robo en julio de 1977 de Rebeca Celina Manrique Terrera, una bebé de ocho meses, y por no excusarse de intervenir en una causa contra el general de Brigada Juan Pablo Saá, de quien era amigo. El jurado consideró que no hubo mal desempeño, excepto el senador Calcagno y el diputado Landau que votaron en disidencia.
Tras la destitución, los problemas judiciales para Miret no terminarán: está siendo investigado por la justicia de Mendoza por delitos de lesa humanidad por los mismos hechos por los que hoy dejó de ser juez. Ahora, ya no tiene fueros.
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