miércoles, 9 de marzo de 2011

Telepolítica: La Gente en la calle dice una cosa y vota otra

Diario Registrado
9 de marzo de 2011

Por Matías Castañeda

Recordamos el programa de televisión El Candidato de la Gente, un reality show que, tras la crisis del 2001, buscaba diputados mediante el consenso del 0600.

Cuando en 2001 explotó el mundo conocido, sobre la crisis de representatividad, el autodenominado Cuarto Poder, tras el ¡qué se vayan todos!, se erigió como tercero, o segundo. Cuando nadie creía en nada, algunos periodistas supieron capitalizar ese escepticismo. Pero como toda ilusión, ese universo de periodistas veraces, fiscales, honestos e independientes se demostró falso. La ley de medios fue una batalla cultural que se empezó a ganar desde la existencia de un terreno fértil para llevar a cabo esa discusión. Existían las condiciones objetivas para ayudar a discutir lo impoluto. Y eso es sano, principalmente, para el ejercicio periodístico.

Pero íbamos a hablar de otra cosa. De una curiosa parábola. Una invención que recordamos quienes tenemos buena memoria para las pelotudeces.

Hubo una vez en programa de televisión llamado El Candidato de la Gente, un reality show -de los que soy especialista (?)- en el que “la gente” votaba para elegir quién sería su candidato a legislador. Ese programa, que esperaba durar un trimestre y terminó durando un mes por falta de audiencia, ponía a discutir las ideas de 16 participantes para, entre todos, premiar al mejor. El “jugador” que resultara elegido por “la gente” encabezaría la lista de un partido político que el programa se comprometía a hacer nacer, y que finalmente se llamó el Partido de la Gente. A pesar de ser emitido en una señal nacional sólo se preveían candidatos para la Capital Federal. Más allá de la General Paz, no tenía ningún interés.

Algunas curiosidades que, como nadie recuerda el programa, nadie recuerda. Quizás algunos de ustedes vayan teniendo flashes de esa realidad suspendida en el tiempo, de ese programa que cambió de día y horario algunas veces y que salía a por América con la conducción de Jorge Rial al principio, y de Nancy Pazos al final.

Entre los concursante estuvieron María José Lubertino y Alex Freyre, un actor (Willy Ruano) y representantes de la sociedad civil, algunos más normales y otros impresentables, como ese contador que planteaba como salida a la crisis pagar las jubilaciones de privilegio con Bonos Cadorna, que no servirían para… ¡pagar impuestos! Todo muy confuso. Alex me cuenta que salió segundo y que el que ganó es un tal Juan Seliman, delfín de Nito Artaza, que, obviamente, vertebraba el discurso de los ahorristas atrapados en el corralito. ¡Qué épocas!

Otro dato llamativo es que el programa cumplió con su promesa: presentaron su lista para diputados nacionales por la Ciudad de Buenos Aires y lograron el 0,94 por ciento del padrón: 16.273 votos. Invirtiendo los conceptos televisivo-políticos, obtuvieron menos votantes que rating.

Este ejemplo de la vida real echaría por tierra el concepto de candidato impuesto por los medios por fuera de la política tradicional. La pregunta que queda flotando en el viento es qué hubiese sucedido si el Partido de la Gente hubiese, no ganado, metido al menos un legislador. A quién respondería ese monobloque. Ucronías que son lindas de imaginar.

Otra información relevante, para mí, es que se presentaron alrededor de 800 “candidatos” y el casting final fue determinado por una docena de periodistas, que seleccionaron 16 finalistas. La prensa, mejor dicho, un establishment de periodistas televisivos, hicieron de jueces para una política posible y mejor. Muy extraño visto desde hoy, tras el debate de la ley de Servicios Audiovisuales. Recuerdo a Luis Majul, Ernesto Tenembaum, Mónica Gutiérrez, Guillermo Andino y Alfredo Leuco, entre los miembros del “jurado”.

Quizás de todas las cuestiones que se sucedieron la más graciosa tenga que ver con el accionar de la tan mentada nueva política. El candidato ganador tenía que elegir entre los demás concursantes dos para que lo acompañen en la fórmula. Y eligió a dos. Pero pasó que Nito Artaza había operado para quedarse con el sello, había rosqueado, y, según afirman las crónicas de la época, el comediante tenía un preacuerdo con el incipiente partido de Mauricio Macri, entonces llamado Compromiso para el cambio. Por lo que una de sus compañeras, una tal Graciela Draguicevich, que no comulgaba como Mauricio, se fue del partido antes de haberse presentado como candidata. Incluso, luego de la derrota electoral, el Partido de la Gente comandado por Juan Seliman… ¡denunció fraude! Insólito.

Como una cadáver en internet, aún navega la página oficial del Partido de la Gente, bajo el sublema, “Líder Político: EUGENIO "NITO" ARTAZA”, todo coronado por una frase maravillosa: “Nos genera mucha impotencia, que hasta hoy los políticos tradicionales ni siquiera nos hayan permitido poner una placa en Diagonal y Florida en memoria de las víctimas ‘estafadas’”.

Por esa misma época Marcelo Tinelli estrenaba Gran Cuñado, una idea similar pero con “políticos tradicionales”, en clave satírica.

Ahí se ven.

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