Tiempo Argentino
5 de marzo de 2011
Por Hernán Dearriba Secretario de Redacción.
La destrucción de la militancia juvenil fue, primero por la vía represiva y luego por la banalización de la política, eje central de un proyecto de país que comenzó con el último golpe militar y terminó con el estallido político y social de 2001.
La tortura y desaparición de los sectores juveniles más comprometidos de la sociedad en los ‘70 y principios de los ‘80 tuvieron su continuidad con la idea de la política como herramienta de ascenso social sólo para los políticos. La Ferrari de Carlos Menem estaba lejos, muy lejos, de las inquietudes de los militantes que entendían la política como instrumento transformador de la realidad social.
Ese proceso terminó paradójicamente con una ebullición de participación militante inorgánica que se corporizó en las asambleas populares autoras de la consigna: “Que se vayan todos, que no quede ni uno solo.”
A diez años de aquella explosión, un cimbronazo recorre la política nacional, el surgimiento de una nueva corriente de jóvenes militantes que reclama protagonismo.
Se trata de una movida inasible para buena parte de la estructura tradicional de los partidos post dictadura, que miran en algunos casos con desconfianza la avalancha de participación. Esa sensación vira incluso al malestar y hasta el desasosiego en los representantes de las corporaciones que pensaban que esa era una batalla cultural ya ganada.
Después de todo, comparten la mirada de Alvarito Vargas Llosa, quien sostiene que se redujo el grado de idiotez en América Latina porque los jóvenes piensan menos en hacer la revolución y más en crear empresas.
Claramente, el kirchnerismo hizo punta en el terreno de la militancia juvenil con la formación de una serie de agrupaciones que terminaron visibilizándose tras la muerte del ex presidente Néstor Kirchner. El resto de las fuerzas políticas parece encontrar más dificultades para crear vasos comunicantes con la juventud. Se exhiben más cómodos, en cambio, juntando votos entre los referentes del capital concentrado y la patronal campestre.
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