Tiempo Argentino
6 de marzo de 2011
Por Felipe Yapur
Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia…” La letra de la canción de Litto Nebbia bien podría haber sido la síntesis musical para relatar lo que se vivió en el Congreso desde junio de 2009, cuando la oposición triunfó en aquellos comicios parlamentarios. Sin embargo, y a pesar de la ayuda de algunos medios de comunicación, el intento por escribir una historia irreal quedó trunco. Sobre todo, por lo que aconteció casi de inmediato, tras aquel 28 de junio, los papelones opositores de 2010 y, especialmente, por el discurso presidencial del 1 de marzo pasado. Ese día, Cristina Fernández, desde la política y la gestión, le marcó al Congreso la agenda parlamentaria, a pesar de que su fuerza política es la primera minoría.
Con un discurso realizado de memoria, que para nada puede confundirse con improvisación, la presidenta indicó algunas de las leyes que necesita el modelo que encabeza. Proyectos que hacen a las bases del programa político que, si bien no lo dijo en su extenso discurso, hacen a la necesidad de contar con un período presidencial más para solidificar el modelo político y económico hacia el futuro.
La presidenta habló de las leyes que necesita en el mismo recinto donde hace poco más de un año nacía el Grupo A. En aquella oportunidad, la ahora extinta unión transitoria de bloques, sumaba algo más de 140 voluntades. Muchas más de las que exige el quórum (129 diputados presentes) y por lo tanto les permitía soñar que la lapicera que escribe la historia estaba de su parte. La falta de política común y el predominio del ego, hicieron que los popes de esas bancadas se estorbaran entre sí por ser el que escribiera el capítulo con que harían hociquear al oficialismo. El resultado fue una sucesión de fracasos y acusaciones mutuas de traición, que terminaron por escribir el certificado de defunción del Grupo A.
El 1 de marzo comenzó un nuevo capítulo. Cristina Fernández lo delineó con esos proyectos que hacen a los pilares del modelo. Algunos de ellos, como la Ley Penal Tributaria, trasegaron el año pasado sin éxito los pasillos del anexo de la Cámara de Diputados. La oposición tiene la mayoría de puestos en cada una de las comisiones parlamentarias y es una complicación para el FPV a la hora de buscar firmas para un dictamen de mayoría. La pelea política entre oposición y oficialismo, las disputas dentro de la misma oposición que no perdona que algún bloque pueda acordar –aunque más no sea de manera circunstancial– con el FPV y, por qué no, la poca dedicación al trabajo de diputados opositores, llevaron a que este proyecto, como tantos otros, no pudiera llegar al recinto. Al menos por ahora.
Un dato para tener en cuenta en lo que hace a la profundización del modelo. La cita a la Ley Penal Tributaria no fue gratuita. Está ligada directamente a perseguir a aquellos que evitan aportar a la recaudación que necesita un Estado para devolver, por ejemplo, en obras públicas. La presidenta deslizó la sorpresa que causa el escaso aporte a la recaudación que hacen las actividades del agro que, en los últimos dos años, tuvo millonarias ganancias. El agro, la misma actividad que en los últimos meses fue el centro de las denuncias por trabajo esclavo. A partir del discurso presidencial, el Congreso se apresta también a debatir la actualización del Estatuto del Peón del Campo. Ese que nació durante el primer peronismo, que le permite al sindicato que conduce Gerónimo “Momo” Venegas tener amplios poderes, pero que con su silencio se volvió cómplice de la esclavitud de sus representados. Venegas y los diputados que representan a las organizaciones del agro van a resistir ese intento oficialista, sobre todo porque el Estado recuperará el poder de policía y le arrebatará a Venegas los privilegios que dilapidó al convertirse en socio de los patrones.
Algo similar ocurre con la ley de lavado de dinero. La absoluta falta de acuerdo entre la oposición que, en este caso, además, choca con la clara intención de no darle la Ejecutivo una ley sin al menos introducirle cambios no siempre requeridos por el gobierno, mantiene al proyecto en un no recomendable estado de latencia. No recomendado por el tipo de delitos que combate y que con los avances tecnológicos para movilizar dinero, se hace imprescindible su actualización permanente. El Frente para la Victoria señala como responsable de ese freno a Elisa Carrió, autodidacta en esta especialidad desde aquellos meses en que condujo una comisión parlamentaria dedicada a este tema. Según el oficialismo, la candidata presidencial de la Coalición Cívica presiona y demora su tratamiento con un solo objetivo: perjudicar al Ejecutivo.
La agenda está más que esbozada, sin embargo habrá que esperar hasta finales de marzo para que los legisladores se vean las caras en el recinto. Las elecciones de Catamarca y Chubut abren un paréntesis. Los resultados de esos comicios tendrán su efecto en el cuerpo parlamentario. Si bien es cierto que ambos distritos son pequeños a la hora medir el peso político en el padrón nacional, sus resultados afectarán sobre todo a los opositores. Los triunfos les servirán más para medir fuerzas hacia el interior de sus partidos que para soñar otra vez con manejar la historia.
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